El desapego nos hace libres

En los días que corren, los venezolanos somos una montaña de emociones. Un día estamos llenos de esperanza y horas después, parece que cayéramos en la más profunda depresión, sin embargo, todo tiene un por qué y un para qué, aunque no lo podamos ver.

La razón de todo sufrimiento es el apego. Nos apegamos a creencias, a aspiraciones, al celular, a lugares, al status quo, a ideas, a relaciones, a nuestro sitio de trabajo, al lugar de donde venimos, a ciertos resultados esperados, a títulos adquiridos que asumimos como parte de nuestra identidad, etc. Y cuando algo de lo que entendemos como natural, cambia o no sale como esperábamos, nos aferramos a la posibilidad de recuperarlo. 

Pero el cambio es lo único constante, sufre menos el que lo sabe y reconoce que nada realmente nos pertenece, ni siquiera aquellas cosas que consideramos “justas”. 

Mientras menos apego y resistencia al proceso natural de cambio que vivimos experimentando, más felicidad. Los seres humanos somos esencialmente libres y según como lo veo, no venimos al mundo a acumular y apegarnos a situaciones personas o cosas, venimos a entregar algo de nosotros. 

Pero, ¿cómo puedo dar, si no tengo? 

Es una pregunta común que tiene una respuesta simple: Tienes más de lo que tú mismo/a eres capaz de reconocer. Practicar el desapego no solo te permite ver cuanto puedes entregar, sino que ayuda a multiplicarlo. 

Pero para que esto ocurra, no debemos dar para controlar, ni para sentirnos bien, ni porque no sabemos decir que no, ni para ser simpáticos, ni para librarnos de culpa o presentarnos ante los demás como alguien bueno. El ejercicio de dar, viene de una profunda convicción de desapego y desprendimiento sin expectativas, sin esperar apreciación, reconocimiento, honor, ni agradecimiento. 

Aquello a lo que te apegas, te retiene, te sujeta y hasta te puede dejar inmóvil. En contraste, aquello que sueltas te hace libre y te permite viajar más ligero/a de carga, el camino se hace más fácil porque no llevamos tanto peso, nos llenamos de esperanza porque vamos más livianos y llegar a la meta resulta más sencillo.  

Tal vez allí encontremos un “por qué” y un “para qué”.  

Que nada te retenga, vinimos al mundo a ser libres.