¿Por qué estoy en Venezuela?





Hace poco leí un artículo publicado en el blog del chef venezolano Sumito Estévez, titulado: “¿Y tú por qué no te vas chico?” lo que me llevó a pensar por días en las razones por las cuales yo también estoy aquí. La respuesta que inmediatamente cualquiera se podría imaginar: es que soy un optimista. Pero creo que la verdad es mucho más sencilla y más terrenal. Por eso, hoy quiero compartirlo con ustedes.


1. Porque me da la gana. Podría haber optado como tantos amigos por el exilio, inclusive, en una etapa de mi vida lo consideré realmente. Hasta que me di cuenta que las razones que me estaban llevando fuera de Venezuela, no tenían nada que ver con el país sino con las circunstancias personales que estaba atravesando en ese momento. La felicidad es una decisión y yo decidí ser feliz aquí y sembrar algo aquí, en mi país. Lo he sido y lo soy actualmente, no me da la gana de huirle a los problemas y (aún) no he llegado a ese punto en el que dices ¡Basta! No se si ese día llegue. Tengo miedo a encontrarme en esa situación tan típica de los emigrantes, en la que no perteneces ni a donde te fuiste ni al país que dejaste. Venezuela, con todo lo bueno y lo malo, es mi país. Y aquí quiero estar.

2. Mi familia. Como muchas de las familias venezolanas, la mía es absolutamente mestiza. Tengo un abuelo del Líbano y otro de las Islas Canarias, una abuela de origen vasco y otra morenita, con apellido francés. Somos una mezcla de culturas y orígenes, pero todos estamos de acuerdo en definirnos únicamente, como venezolanos. Todos mis abuelos están vivos y activos (qué bendición), la mayoría vivimos entre Caracas, Valencia, Vargas y la Isla de Margarita. Salvo nuestros ancestros, no tenemos tradición de emigrar. No quiero perderme un segundo de la vida de mis abuelos. No quiero ver a mis padres envejecer por Skype. Quiero estar cerca de mis hermanos. No quiero casarme con una mujer desconocida para ellos y mucho menos tener hijos que no sepan lo que es comerse una hallaca o una arepa hecha por su abuela, que no jueguen con sus primos o que no se desvivan por pasar unos días con sus tíos. Así, románticamente familiar, soy, con todo lo que implica. No me imagino la vida sin ellos… Y ellos, no se van.

3. Mi carrera. Podría decir que en otro país no tendría tan rápidamente la oportunidad de hacer lo que hago: viajar por diferentes ciudades con mis conferencias, dedicarme a la radio, publicar libros y vivir cómodamente, a partir de un éxito moderado. Pero los límites están en la mente. Sin embargo, me produce una satisfacción tremenda ser lo que llaman “profeta en mi tierra”. Nada de lo que hago es meramente una pretensión de mi ego, todo tiene un propósito, una misión y el placer más inmenso es poder compartir lo que hago con mi propia gente. Venezolanos en Venezuela o venezolanos en el mundo, que ellos (ustedes) sean mis lectores y mis seguidores, lo vale todo.

4. Me siento parte de una misión. Creo que estamos viviendo una etapa duramente maravillosa para crecer y co-crear un país mucho mejor. Claro que tengo miedos, que me atacan a diario. No solo me toca leer y a veces hasta presenciar episodios de violencia e inseguridad, no solo me toca hacer magia con la crisis económica, me ha tocado también despedir a muchos de mis grandes afectos, los amigos de la vida, quienes han partido a otros destinos. Inclusive, he perdido algunos de ellos, por manifestar mi punto de vista. Pero he desarrollado destrezas, he crecido como ser humano, no me aburro nunca en este país y he encontrado otros amigos con los cuales coincido en esta forma de pensar. Creo que somos una especie de clan de conspiradores del optimismo.

5. Finalmente, subrayando las palabras de Sumito, el mar y el ron son dos buenas razones, pero además, me gusta que la gente me hable sin conocerme, como suele pasar en este lado del mundo. Además del chocolate, que sin duda, es el mejor del mundo.